INCENDIO Y MILAGRO

  En 1967, justo el 28 de diciembre, hubo un incendio en casa.  Yo tenía 13 años.  Recuerdo muy claramente la fecha, porque papá creyó que le estaba haciendo una broma de Inocentes cuando lo llamé a la oficina para avisarle después que pasó todo.     

El fuego se produjo por la inflamación de una pequeña cocina a kerosene en la que mi madre hervía ropa.  El estanque se rompió y el kerosene se vertió en el suelo y se prendió el fuego dentro del cuarto de baño.     Al sentir el ruido que producía el fuego encerrado, mi madre abrió la puerta y las llamas salieron de golpe y le quemaron el pelo y las cejas.  Eran altas y comenzaron a quemar la puerta y las paredes.     

Yo corrí a conseguir que los vecinos de al lado, que tenían teléfono, llamaran a los bomberos.  Les pedí ayuda desde la reja, sin entrar a su jardín y ellos corrieron a llamar.     

Cuando volví a casa, iba saliendo un hombrecito pequeño, vestido con ropa oscura, de trabajo.  Mi madre dijo después, que él había entrado en casa, había sacado un alambre de su bolsillo y con él había sacado la cocinilla del cuarto de baño; había sacado (nadie sabía de donde) un saco, lo mojó y apagó el fuego.     

Para cuando reaccionamos y quisimos buscarlo para darle las gracias ya no estaba ni en el jardín ni en la calle.  Cuando llegaron los bomberos estaba todo apagado.     

Yo recuerdo a este hombre como una persona bajita, de cabello oscuro y un poco largo, muy serio, que caminaba rápido y con la vista en el suelo.  Pasó por mi lado cuando iba saliendo.  Haciendo memoria, nunca lo vi entrar, y debería, porque yo estaba en la vereda, en la casa de junto.     

Si no hubiera aparecido los daños habrían sido mucho mayores (tomando en cuenta que los bomberos se tardaron alrededor de 20 minutos) y tal vez mi madre se habría quemado algo más que un poco de su cabello; y mi hermana pequeña, mi abuela (que era ciega) y yo hubiésemos resultado con alguna quemadura.  No perdimos ningún mueble, sólo se dañó una puerta y la pintura de las paredes.     Mi madre llegó a la conclusión de que era una ángel; y los que estuvimos ahí y lo vimos, no pudimos dejar de estar de acuerdo.

Olivia, de Chile

                              

 

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