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Aceptando las margaritas

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Una mujer joven tenía un pretendiente que la amaba mucho. El pretendiente llamó a su puerta apretando un ramo de margaritas para obsequiarle. "¿No me has traído rosas?" -preguntó ella. "Quiero rosas." Su pretendiente dio la vuelta y se fue.
A la semana siguiente regresó a la puerta de su casa con otro ramo de margaritas. Al ver las flores en su mano, la joven dijo: "¿Dónde están mis rosas? Quiero rosas." Una vez más el pretendiente dio la vuelta y se fue.
A la semana siguiente sucedió lo mismo. El pretendiente se presentó a la puerta de su amor con un ramo de margaritas. La joven dijo: "¿Otra vez con margaritas? Quiero rosas." Y así una vez más se fue.
Esto se prolongó durante varias semanas más, hasta que finalmente una semana, el pretendiente no llegó. Nunca más volvió.

Las personas nos aman a su manera …como pueden. Muchas veces no lo valoramos, porque no lo demuestran de la forma en que pensamos que deberían. Alguien nos ofrece margaritas, pero seguimos insistiendo en las rosas. 
Esta historia,no es de valor solo para enamorados…sino para cualquier persona relacionada en amor, ya sea con un hijo, un amigo, un padre.etc…que esté esperando del otro, siempre más o de otra manera.
Pasé muchos años resentida con mi padre , pues pesaba que "no me amaba." Me parecía poco cariñoso y duro. Era imposible conformarle, aunque lo intentaba con fuerza. Su cuidado con respecto al dinero lo sentía como falta de amor. Quería un padre que fuese generosos al extremo. Mi padre me iba dando margaritas y me quedé esperando las rosas.
Me avergüenza admitir que me tomó muchos años valorar las margaritas por lo que eran - Amor.
El me amaba mucho - es sólo que su idea de cómo ser padre era muy diferente de lo que yo tenía en mente. Yo me creía princesa y me sentía como la Cenicienta, obligada a hacer las tareas sucias, como limpiar el cuarto de baño, lavar de platos de la cena y cocinar.
Mi padre era cuidadoso con el dinero porque pasó privaciones y sabía lo que era no tener suficiente comida. Cuidaba los ingresos porque quería asegurarse de que sus hijos no pasaran hambre y guardó tanto dinero como le fue posible, por cualquier eventualidad que pudiera sucederle, especialmente luego de perder a mi madre siendo muy joven.
En resumen, mi padre no sabía amar de otra manera, pues había vivido sin demasiada consideración, mas que un poco de comida y un catre donde dormir. Sabía que a los niños se les debía enseñar a enfrentar una vida dura, por si se veían obligados a valerse por sí mismos. En lugar de abrazos y besos, nos dio el amor en lecciones de rectitud, de “hazlo por ti mismo” y otras que me han servido mucho. No era tierno, pero era justo y honrado…no podía ser débil, pues nos crió la mayor parte del tiempo solo, ya que mi madre fue la que partió cuando éramos pequeños…así que…¿quién establece la manera en la que un padre tiene que amar?...o un hijo, o un amigo. 
Su amor, siempre fue para mí como un ramo de margaritas,ante mis reclamos de rosas…hasta que supe valorarlo tal cual se presentaba.
Por encima de todo, me siento afortunada de haber sabido encontrar la clave en mi corazón …sobre todo, por juzgarlo tan duramente. Perdí mucho tiempo haciendo reproches acerca de cómo me había criado.Yo quería ser escritora, poeta y religiosa…y él solo sabía de las obras de las manos amasando pan, haciendo huerta, trabajando en lo que fuera para que nada nos faltara…materialmente. Y no porque fuera materialista…pues sus zapatos siempre estaban viejos y agujereados…con tan de que los nuestros estuvieran presentables…y nunca tuvo una casa propia…porque lo que ganaba y no se usaba…se guardaba en una latita “por si acaso”…Creo que ni siquiera creía en dios…así que siempre supo que estaba solo,en lo referente a proveernos de lo necesario.
Hoy lo comprendo y lo valoro temendamente, pues no hallo mayor manifestación de amor,que evitar a los otros lo que nos ha lastimado…y así era.
Conozco infinidad de personas que todavía están enfermas,con un profundo resentimiento hacia sus padres y con montañas de cargas emocionales provenientes de la infancia. Mi corazón les acompaña, porque sé lo mucho que están sufriendo - Una vez fui una de ellas. Mas si pudiera contactarlos, les diría que el AMOR...transita caminos insospechados, a veces muy escondidos entre las malezas del dolor o de los miedos…y que aún así, tenemos que ACEPTAR todas sus manifestaciones, como expresión de lo que pudieron darnos..COMO FUERA.
Hoy,estoy agradecida de que, a través del tiempo y de tanta agua corrida bajo el puente del discernimiento, haya podido despertar y apreciar la fragancia de un ramo de margaritas…sin pretender sean rosas.En eso consiste el Amor, después de todo…no esperar, no pretender, no poner condiciones…Solo dejarlo florecer, de la forma que sea.

LES AMO,SEA CUAL SEA SU FORMA DE FLORECER!



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