La Virgen y el niño

Perdí un bebé a los tres meses de embarazo, después de varios estudios dijeron que sería difícil embarazarme, pero el milagro ocurrió, a un mes de el suceso quedé de nuevo embarazada, ni yo lo sabía.
El embarazo fue de altísimo riesgo, mi pequeño nació a los siete meses, sin embargo desde ese instante se empezó a notar en él un espíritu muy especial y la presencia de seres que lo han venido protegiendo a lo largo de su corta vida.
Al nacer nos dijeron inicialmente que una genetista debía revisarlo por la extraña forma de su cabecita, así lo hizo y concluyeron ella y el pediatra asignado que todo estaba bien, sin embargo algo dentro de mí me decía que no confiara.
Decidí entonces visitar a un pediatra amigo mío que al instante en que vio a mi pequeño me dijo que lo que tenía era craneosinostosis, y que era necesario practicarle una operación antes de los cuatro meses de nacido para evitar daños colaterales como una lesión cerebral.
Amablemente me canalizó a un hospital público porque carecíamos de medios para operarlo, ahí, como sucede en la mayoría de los países latinoamericanos, la demanda superaba el alcance de atender por parte de los especialistas a los pacientitos.
Así es que probablemente programarían la operación de mi hijo para después de un año, lo cual implicaba un gran riesgo para su salud.
Desmoralizados regresamos a casa, seguimos investigando y encontramos que existía un grupo de doctores especializados en ese tipo de operaciones, fuimos a ver al neurólogo al frente de dicho equipo y después de explicarnos con precisión en que consistiría la operación, entramos en materia de costos y de su propia agenda, de nuevo parecía imposible, no teníamos ni vendiendo todo lo que poseíamos el dinero suficiente para pagar a los médicos, la terapia intensiva, el hospital y el instrumental que se requería.
Con gran tristeza regresamos a casa, después de acostar en su sillita a mi chiquito, me senté a llorar y a rezar un rosario tras otro y a "hablar" con la Virgen de "madre a madre", le dije: que ella sabía lo que significaba sufrir por un hijo, que me escuchara y que por favor me ayudara.
Casi al instante sonó el teléfono, una amiga que tenía cinco años de no hablar conmigo se había comunicado a casa de mi madre y ella le había dado mi nuevo número.
Me preguntó ¿cómo estaba? le comenté que muy triste, no era necesario decirlo pues podía escucharme así, le dije los motivos y me contestó: "Espera, yo conozco a alguien de un hospital público para niños", te llamo más tarde, era viernes y pasaban de las siete y media de la noche, y sorprendentemente el director que ella conocía se comunicó conmigo y me dijo que me esperaba en su oficina el siguiente lunes.
Acudí a la cita, él amablemente escuchó lo que me ocurría y llamó a la directora médica de Neurología quien en forma dulce me dijo, hay una lista de 120 niños en espera de una operación, podríamos hacer una excepción con Usted.
Entonces, algo en mi corazón me dijo que no podía hacerlo, porque seguramente esas 120 madres habían estado por más tiempo sufriendo lo que yo ahora vivía y les día las gracias.
Al llegar a casa mi marido no comprendió porqué no acepté.
Ese día me habló un primo lejano, y me preguntó cómo estaba y le conté lo que ocurría con mi hijo y cómo el médico que podía operarlo no tenía lugar en su agenda, el me comentó que conocía a un especialista en la misma rama y que hablaría con él. Dios nos estaba hablando a través de la gente a nuestro alrededor.
Ese maravilloso médico, había sido maestro del especialista que habíamos ido, le llamó e inmediatamente se comunicó con nosotros y nos dijo que haría un espacio en su apretadísima agenda que sólo necesitábamos confirmarle que tuviéramos ya la posibilidad económica de llevar a cabo la operación.
Yo seguí rezando, así, ese mismo día me llamó una persona maravillosa que había sido mi jefe, el me preguntó qué me ocurría, le comenté el problema y entonces me dijo "ya no tienes ese problema", mañana mismo irá mi hermana al hospital donde opera esta médico y no te preocupes por el dinero, que ese niño se salva" Así mi pequeño ingresó al día siguiente al hospital, fue operado con gran éxito, el costo que nos habían dado inicialmente no contemplaba cosas como si el niño hubiese llegado a necesitar más días en terapia intensiva como normalmente ocurría en estos casos, sin embargo, también sorprendiendo a todos los especialistas en tres días mi hijito salió de terapia intensiva.
El día que iba a ser trasladado a su habitación, encontré a un padre que conocía yo de años y que había ido a visitar a un paciente al hospital, le conté lo que estaba pasando con mi hijo y le pedí que rezara por él.
Mi pequeño salió al día siguiente recuperado hacia nuestra casa.
Yo creo que nada fue casualidad, tengo la certeza que la Virgen, como madre que es, me escuchó.
 Cuando empezó a hablar mi niño, me dijo varias veces que en nuestro jardín veía a la Virgen que le sonreía, y ahora a sus casi cinco años de edad me dice que le cuente la historia de cómo la Virgen le salvó la vida.
Si alguien no cree en milagros, le invitaría a conocer a mi pequeño. Sinceramente.


Cynthia Baigts
México

 

 

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