¿A cuántos
se les dijo que eran hijos tan deseados, tan buscados, tan amados,
tan disfrutados, que vinieron a vivir una experiencia bellísima en el
planeta Tierra?
Si criáramos hijos para decirles que son seres de luz, seres divinos en
un cuerpo humano durante un rato en este plano, pero muchísimo más que
eso durante toda la eternidad, seres que vinieron a experimentar amor,
porque son amor, nacieron por amor, existen por amor y si permanecen en
ese estado, y lo brindan a las distintas partes de la creación, a todos
los compañeros de juego que van a encontrar a cada paso, su vida se
convertiría en un paraíso, en una dicha continua, ilimitada, porque sólo
el amor es eterno, perfecto, sanador, y eso es lo que ellos son.
Un chico así, manejaría la autoestima de por vida, pero unida a la
humildad, a la generosidad de compartir su despertar y su dicha con las
distintas formas de la creación, que son simple y maravillosamente otras
prolongaciones de sí mismo. Niños así que aparecen en el planeta por
amor, cuando reciclen su cuerpo, el amor, su única esencia, los sigue
llevando a planos cada vez más bellos con más y más expansión de ese
amor como ley fundamental del universo.
Tener hijos con ese sentido de amor por la existencia, hace que esta maya,
que esta telenovela, fascinante, vaya teniendo sentido y trascienda el
mero argumento epidérmico, que todo lo que tiene nombre y forma nos vaya
llevando a instancias mucho más profundas que las que el mundo nos va a
ofrecer en su amnesia transitoria.
Claro que no sabíamos esto, no fuimos criados así, al menos, la gran
mayoría de nosotros; pero ahora sí lo sabemos, y este es el único
momento perfecto de vivirlo, de aplicarlo, de sentirlo, de compartirlo, de
transmitirlo a nuestros hijos, nuestros nietos, o los hijos de otros que
aparecen en nuestras vidas y que en un punto claro de unidad álmica,
también son nuestros hijos o nosotros mismos, en distintos momentos de
evolución.
Seres de luz, somos eso, luz, expansión, evolución, maravillas, ¿por qué
tardar tanto tiempo en querer despertar a lo mejor de nosotros mismos? Sólo
se tarda un instante. El cambio es Ya mismo. No hay pasado, no hay futuro.
Sólo está este instante único, perfecto, insondable, eterno, solo este
instante para comprender y despertar, para saber la verdad y amar, y
trascender lo que el pensamiento y las emociones vapuleadas, presas,
dormidas han estado creyendo que era nuestra vida.
Sólo en este instante podemos volar sobre nuestras limitaciones, miedos,
culpas, bajas estimas, y abrazar la inmensidad. Amigos divinos, este es el
instante, ya mismo, aquí y ahora, y cada momento que va surgiendo, sigue
siendo ese presente perfecto, en el que somos tantísimo más que lo que
estuvimos hasta ahora creyendo que éramos. Esta es la plenitud. No la
perdamos, y si la perdemos, recuperémosla nuevamente, ya mismo. De eso se
trata recordar al instante, cuando nos empezamos a olvidar.
Gracias por existir
Todo es Uno. Todo es Amor. Todo es Dios.